Un océano de homosexuales

Este es un extracto del primer capítulo del libro: “A place at the table” (Un lugar a la mesa) que lleva por título : “a sea of homosexuals ” (un océano de homosexuales) pour Bruce Bawer.

Como gay cristiano conservador, Bawer -poeta y escritor para diversas publicaciones americanas y quien después de escribir este ensayo escribiría otros sobre el tema del fundamentalismo religioso-, puede molestar a muchos. Sobre todo al gheto gay y a los gays conservadores –y republicanos- en el armario, a los cuales ataca.

El próposito de este libro es de decorticar los mitos y estereotipos del gay americano vehiculados tanto por la ortodoxia gay que por el fundamentalismo cristiano. Quienes, según Bawer, entre otras cosas, bien que se odien, se necesitan mutuamente y deben su existencia uno al otro.

Uno puede o no estar de acuerdo con las ideas de Bawer, pero es verdad que si todo gay que no responde al esterotipo expresara lo que es con orgullo y certeza, otra situación reinaría en la sociedad americana.

Este fragmento me tocó fuertemente porque me hizo recordar épocas pasadas y porque me hizo reflexionar también.


“Un día, hace muchos tiempo, cuando tenía alrededor de veinte años, entré a una librería en medio de Manhattan. Aunque desde entonces ha pasado de las manos de una cadena de tiendas a otra, todavía se encuentra en el mismo lugar. De un lado dando a la avenida 42, y del otro lado abriéndose a un cavernoso pasillo de ladrillo que desemboca dentro de la sala principal de la gran terminal. “

“Cerca de la entrada que da a la calle, en aquellos días, se encontraba, un gran sector de revistas con un estante pegado al muro que desplegaba cientos de publicaciones en serie desde Glamour al WashingtonMonthly. A todo lo largo de la base del estante se encontraba un revistero de medio pie de alto conteniendo periódicos de tipo tabloïde como el New York Review of Books y Screw que se sucedian uno sobre otro de modo que sólo el título podía verse. “

“Cuando entré ese día a la librería, se encontraba parado junto a este muro un joven alto de más o menos 15 años. Esbelto y atractivo, parecía, tal vez, mucho más tímido y bien portado que el promedio de los adolescentes newyorkinos; irradiaba integridad y sensibilidad, y su vestimenta y buena postura sugerían que alguien cuidaba bien de él. Claramente se trataba del hijo amado de una familia decente. “

“Para cualquier cliente ordinario de la librería, el chico seguramente perecería un joven común y corriente que pasaba una hora de ocio viendo Motor Trend y Sports Illustrated. Pero, en el momento que puse mi vista sobre él, supe que no era este el caso. El chico parecía nervioso, ansioso incluso, mientras regresaba cuidadosamente una revista a su lugar mirando furtivamente a su derecha e izquierda. “

“¿Qué es lo que estaba occuriendo?, ¿por qué estaba tan nervioso?. Mis ojos escudriñaron los cientos de revistas y de repente, para mi sorpresa, entendí lo que estaba pasando. “

“Me olvidé de inmediato del libro que estaba buscando y me acerqué al estante. Tomando una revista, me puse medio paso atrás del chico pretendiendo leer. Mientras me encontraba ahí, sin que él se diera cuenta de mi presencia, tomó una revista del revistero, la observó como si nada y la regresó a su lugar. “

“Lo mismo occurió durante más o menos cinco minutos. Yo tenía otras cosas que hacer pero no podía partir. El chico trataba de armarse de valor y quería ver si era capaz de hacerlo. “

“Lo hizo. Y como había esperado, todo este ir y venir lo trajo de nuevo al lugar donde había comenzado. Parado ahí, se inclinó hacia el revistero y saco de entre los periódicos una copia del hebdomadario New York Native y, tratando de parecer tranquilo, lo abrió en la primera página. Mientras había solamente ojeado las otras revistas -en las que como yo lo había sospechado fingía interés, devoró la que tenía en sus manos. Fijando su vista en la primera página con un mirada desesperada, recorrió las columnas como si no pudiera realmente creer que existieran, bebiendo su prosa a grandes tragos como un aviador perdido bebería, después de haber recorrido todo un desierto. Al acabar esa página, pasó a la siguiente y a la otra, todo el tiempo con una expresión de sublime sorpresa que nunca abandonó su rostro –aunque de vez en cuando sus ojos se levantaban para ver si alguien lo estaba observando. Me pasó por la mente que sabía exactamente lo que estaba occuriendo y que me sentía orgulloso de él. “

“¿Orgulloso?. Sí, porque cuando lo observaba, sentí como si me estuviera viendo a mi mismo, algunos años atrás, confuso, atemorizado, tratando tentativamente de alcanzar algo que me explicara quién era y esperando que nadie lo notara hasta obtener algo perecido a una respuesta. De la misma manera en la que un hombre gay puede reconocer a otro con la mirada, supe de inmediato no sólo que este chico era gay sino supe también que estaba comenzando a reconocer su homosexualidad; que todavía no comprendía lo que esto significaba y que no había nadie en su vida – padre, hermanos, maestro, amigo, ministro- al cuál poder acudir, por lo que había traído sus preguntas a esta librería. Supe cuán dificil había sido para él venir aquí y buscar esa copia del Native. Estaba orgulloso de él por haberse armado de valor. “

“Mientras me encontraba parado ahí, miré por encima del hombro a las páginas de la revista. No recuerdo el contenido exacto, pero supongo que se trataba de artículos sobre las investigaciones sientíficas sobre el sida, sobre el gay bashing y los recientes avances y retrocesos en los derechos civiles de los gays, lo mismo que las recurrentes estadísticas alrededor de los casos de sida y de las muertes reportadas por esta enfermedad. Pero lo que retuvo mi atención y se quedó en mi mente durante algún tiempo eran otros hechos: una fotografía, que probablemente acompañaba la reseña de un acto de cabaret, de un hombre vestido de mujer; fotografías de hombres vestidos de cuero y con équipo por el s&m; fotografías de jóvenes al torso desnudo, sin duda promoviendo “masajes” y servicios de escort y vídeos X. “

Estas fotografías me molestaron. La estrecha y sexualmente obsesiva imagen de la vida gay que estaba representada en esta revista tenía poca similitud con mi vida o con la vida de mis amigos gays –o incluso con la vida de la mayoría de gays americanos. Aun así, esta era la imagen que proliferaba en el Native y en otras revistas del tipo. La mayoría de los editores y lectores regulares de esas revistas no son simplemente gays, son gente cuya vida gira alrededor – y que ven todo dentro de sus vidas ligado literalmente- a su orientación sexual. La imagen de la vida gay promulgada en estas publicaciones no refleja la real vida gay en los Estados Unidos. Más bien representa una imagen de la identidad gay definida por una pequeña pero muy visible minoría de la población gay. Objetivamente no hay problema en ello; este tipo de individuos tienen sus proprios gustos, intereses y maneras de ver la vida, al mundo y a ellos mismos. Perfecto; es su derecho. Lo que es erróneo es que la imagen que esta minoría projecta ha durante decenios influenciado fuertemente las ideas del público en general sobre la homosexualidad. Gracias a su extraordinaria visibilidad – y al hecho de que los hombres gays, como yo, que podemos servir como un modelo alternativo para el chico, guardamos nuestra homosexualidad, en la mayoría de los casos, para nosotros mismos-, muchos homosexuales tienden a igualar homosexualidad con el ala mas irresponsable y obsesionada por el sexo de la población gay. Esta imagen ha proporcionado municiones para los discursos anti-gay y ha reforzado la extensa percepción del homosexual como una amenaza misteriosa y ha también exacerbado la confusión de generaciones de jóvenes gay quienes, tratando de comprender su homosexualidad, han visto con ironía las fotografías de revistas como el Native y se han dicho: “Pero este no soy yo”.

Mientras veía estas fotografías por encima del hombro de aquel chico. Mi orgullo se mezcló con preocupación. Me molestaba pensar que aquellas imágenes modelaran su noción de lo que significa ser gay. Hubiera querido tocar su hombro, presentarme y decirle algo más o menos así: “No creas que estas imágenes de hombres en cuero y de trasvestis y de nipple clamps representan la vida gay. Existen cientos de miles de homosexuales en New York y sólo 20 mil son inscritos al Native. La mayor parte de nosotros leemos Times o Newsweek, que el Native o otras revistas del género. Los gays pueden ser liberales o conservadores, atractivos y hogareños, listos o estúpidos. Algunos tienen aretes y otros visten trajes de tres piezas; con algunos ni siquiera puedes imaginarte tener algo en comun, y otros son muy parecidos a ti”.

“No dejes que estas revistas te desconcierten. Qué éstas no agregen más combustible a tu confusión sobre tu sexualidad. Qué no te hagan pensar: “Bueno, si esto es lo que significa ser gay, entonces no debo ser gay ”; qué no te hagan pensar tampoco: “Bueno soy gay, luego tengo que tratar de actuar así”; y qué no te hagan pensar: “ Soy gay pero no quiero ser como estas fotografías, luego mi únuca alternativa es reprimirme y casarme con una chica”.

NO, NO,NO. Ser gay no te obliga a ser nada excepto tú mismo. No dejes que nadie, heterosexual o gay, te diga lo que tú eres. Tú eres tú, el chico que siempre has sido, el chico que ves cuando te miras en el espejo. Sí, siempre te has sentido con algo diferente en tí; algo que no puedes con exactitud definir y en los meses o años recientes has llegado a comprender y has entrado a termino con tu diferencia; has comenzado a darte cuenta que el resto de tu vida no va a ser como tus padres lo habían imaginado; no has querido aceptarlo al principio, pero ahora sabes que no tienes otra alternativa y tratas de ser honesto contigo mismo y con tus padre; más que nada quisieras hablarle de estas verdades que estas descubriendo sobre ti mismo, pero no has sido capaz de hacerlo porque estás seguro que se enojarán y te sientes herido por esto. Y, por encima de todo, te sientes mal contigo mismo porque aunque siempre les has hablado de todo, ahora les ocultas una parte importante de lo que eres y porque – incluso si no escogiste ser gay, quién después de todo escogería vivir el miedo y la soledad y consternación que has vivido– te sientes como si hubieras hecho algo horrible contra ellos por lo que eres. Bueno, no te sientas culpable. No te odies a ti mismo y no odies a tus padres. Cuando les digas sobre tu homosexualidad, dales el tiempo de entender, como te lo has dado a ti mismo, Como sabes, no es fácil entender y, sobre todo, sé sincero contigo mismo, tu bueno y decente ser. Comprende que no hay conflicto inherente entre la homosexualidad y la decencia. No dejes que nadie, gay o heterosexual, te diga lo contrario.”

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Tonitoooooo!!!!!! que gusto encontrarte, aqui estare leyendote y escribiendote.Besos y abrazos!!!!

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  2. EnigmaLiterario dice:

    bueno, los esterotipos gays siempre han sido necesarios para el sector. Por mi parte, yo los odio!

    Buen Blog, pasas a mis enlaces directos!

    EnigmaLiterario!

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