Oh Dios mío de Jars of Clay

La música cristiana popular contemporánea es la mayor parte del tiempo simplista, repetitiva y evidente.

Quizá uno de las excepciones a esta regla es el grupo americano Jars oy Clay. He aquí un ejemplo.

Oh Dios mío, mira alrededor de este lugar
Tus dedos alcanzan alrededor del hueso
Estableces la pausa y el tono
Vuelos de Gracia, y futuras caídas
En el dolor presente
Todos los locos dicen: Dios mío.

Dios mío, ¿por qué somos tan temerosos?
Lo hacemos peor cuando no sangramos
No hay cura para nuestra enfermedad
Exprésate bien y resucita
O simula tu muerte y sólo dilo a tu más íntimo amigo
Oh Dios mío

Oh Dios mío, ¿puedo quejarme?
Me quitas mis más firmes creencias e injertas mi alma a tu congoja
Bodas, botes y cuartadas
Todo va a la deriva; y una madre llora.

Mentirosos y locos; hijos y fracasados
Ladrones siempre dirán
Perdido y hallado; vagabundos enfermos
Curanderos siempre dicen
Putas y ángeles; hombres problemáticos
Ausentes siempre dicen
Quebrantados de corazón; separados
Huérfanos siempre dicen
Creadores de guerras; enemigos raciales
Predicadores siempre dicen
Padres distantes; guerreros caídos
Donadores siempre dicen
Santos peregrinos; viudas solas
Usuarios siempre dicen
Madres temerosas, observadores escépticos
Salvadores siempre dicen

A veces no puedo perdonar,
Y esos días, la misericordia hiere tan profundo.
Si el mundo fuera como debería ser, quizá podría dormir un poco
Mientras yazco, sueño que somos mejores
Las balanzas se fueron y se enfrenta la luz
Cuando nos despertamos, odiamos a nuestro hermano
Aún nos movemos para herirnos mutuamente
A veces no puedo cerrar los ojos
Y todo el miedo que me mantiene en silencio cae debajo mi pesado aliento.

¿Qué es lo que me hace tan mal inclinado?
Todos tenemos la oportunidad de asesinar
Todos sentimos la necesidad de maravillarnos
Todavía queremos que se nos recuerde que el dolor vale la pena todo su estruendo
A veces cuando pierdo mi asidero, me pregunto qué hacer con el cielo
Todas las veces que pensé llegar
Todas las veces que tuve que dar
Bebés debajo de sus camas
Los hospitales que no pueden tratar a todos los heridos que el dinero causa
Todo el confort de las catedrales
Todo el llanto de los niños sedientos – esta es nuestra heredad
Toda la rabia al ver a las madres – esta es nuestra mayor ofensa
OH Dios Mío
OH Dios Mío
OH Dios Mío
OH Dios Mío
OH Dios Mío
OH Dios Mío

La única cosa necesaria para que triunfe el mal es que los hombres buenos hagan nada
Edmund Burke

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s