Reseña del libro: Faitheist: How an Atheist Found Common Ground with the Religious (Cómo un ateo encontró un terreno común con los creyentes) de Chris Stedman

El nuevo ateísmo que surgiera al inicio de este siglo, ha tomado el estandarte de lo que debe ser un no creyente. Sin embargo, para muchos, dicho ateísmo puede contener, aunque en un grado mucho más inferior, un núcleo de fundamentalismo. Para muchos no creyentes ser ateo no significa ineluctable y únicamente estar en contra de lo religioso. Para estos, un no creyente puede, en su búsqueda del bien común, compartir ciertos objetivos con lo religioso y entrar en diálogo con él.

Después septiembre 2001, una nueva faceta del ateísmo vio la luz. Hasta ese momento, el ateísmo se centraba principalmente en hacer resaltar que la ciencia es mucho más eficaz que la religión para comprender el universo, sin necesariamente buscar el descrédito de esta y sin pretender o desear su completa desaparición. El ataque a la torres gemelas de Nueva York dio un nuevo aliento y dirección al ateísmo. A partir de ese momento, un nuevo ateísmo surgió cuyo propósito se centraría en la abolición de la fe y de la religión.

Es fácil reconocer los motivos de este nuevo ateísmo. Principalmente el fundamentalismo religioso, y éste al interior de las tres grandes religiones monoteístas: Judaísmo, Cristianismo y el Islam y, por otro lado, el desarrollo de la interpretación literal de los libros sagrados: Biblia, Tora, Corán.

Desde hace siglos el cristianismo se ha opuesto a la ciencia y sobre todo a la teoría de la evolución. Después de haber sufrido las consecuencias de su testarudez, el fundamentalismo cristiano se replegó en si mismo por varias décadas. Sin embargo, à partir de la fin de la década de los sententa, dicho fundamentalismo tomó un nuevo aliento bajo la protección de gobiernos conservadores (el partido republicano de Ronald Reagan y el partido conservador de Margaret Tatcher, por ejempo) este nuevo aliento cobró una forma intransigente al tratar de utilizar los mismas bases que la ciencia para definirse como verdad.

Puesto que la definición moderna de lo que es verdadero estipula que toda verdad debe de ser neutra e inmovible y que para descubrirla haya que hacer uso de la razón y de la objetividad, el cristianismo, dejando atrás la noción antigua que postulaba que la verdad es algo que se revela y no que se descubre, ha pretendido establecer que la Biblia es un documento científico, como un manual o constitución que hay que tomar y leer al pie de la letra, agregando por supuesto a esta pretensión un valor cualitativo mayor: La biblia no sólo es verdad (en tanto que manual científico o constitución), sino que es La Verdad (en tanto que palabra de Dios).

Pero no estamos aquí para hacer un examen del nuevo ateísmo o del fundamentalismo bíblico sino para reseñar un libro que presenta otra faceta del ateísmo, que en lo personal me ha abierto nuevas perspectivas, se trata de Faitheist: How an Atheist Found Common Ground with the Religious (Faitheist: Cómo un ateo encontró un terreno común con los creyentes), de Chris Stedman.

Según el diccionario urbano, en inglés: Faithest  – palabra compuesta por Faith (fe) y Atheist (ateo) – se refiere a un ateísmo “suave” o “blando”, incluso podríamos decir “tibio”, tolerante de incluso los peores excesos morales e intelectuales de la religión. En ese sentido se trataría de un ateo acomodaticio. Faithest ha sido el término que algunos ateos ortodoxos, cuya única meta es la abolición de la religión, han acuñado para designar a todo aquel que se dice ateo pero que no comparte tal meta.

Al parecer, para los inmersos en el nuevo ateísmo un ateo no debe en ningún modo acercarse a la religión: se es o no se es, punto final; como dentro del fundamentalismo religioso que pretende que dentro de sus dogmas se encuentra la única verdad, para el nuevo ateísmo si se es ateo se tiene que estar inexorablemente contra la religión y se debe buscar su abolición.

Pero con el paso del tiempo otro vector del ateísmo se ha dejado ver, oír y sentir. Un ateísmo que, a diferencia de la definición del diccionario urbano, no neutraliza o ataca la lucha en favor de los derechos humanos al entrar en contacto con lo religioso. Es un ateísmo que busca encontrar lugares comunes sobre los cuales construir un acuerdo para trabajar conjuntamente por el bienestar humano.

Chris Stedman es parte de esta vertiente del ateísmo.

En su libro, Stedman cuenta su vida: su encuentro con el cristianismo evangélico siendo aún niño; el descubrimiento de su homosexualidad; la lucha interna para vencer su orientación sexual, como el fundamentalismo religioso evangélico demanda; el intento de vivir como gay cristiano dentro de la iglesia protestante; el abandono de su fe durante sus estudios; su fase como ateo beligerante; su búsqueda de una mejor opción, menos conflictiva que la del nuevo ateísmo y, por último; su encuentro con el movimiento humanista et interfe, un movimiento pluralista que busca reconocer y establecer el respeto de la diversidad religiosa y no religiosa, el continuo y fructífero establecimiento de relaciones entre personas de distintos antecedentes para afianzar una praxis basada en la búsqueda del bien común.

En este momento Chris trabaja como director ejecutivo de la Comunidad Humanista Yale (Yale Humanist Community) de la Universidad de Yale.

Faitheist ofrece une perspectiva objetiva, pero enracimada en la vivencia personal. En ningún momento Stedman trata de sobrevalorar su punto de vista o de menospreciar la religión. No por esto deja de afirmar su posición como ateo. Hay un momento en el libro que sirve de ejemplo a lo que acabo de decir:

Durante un viaje a El Salvador, al visitar la iglesia de Monseñor Romero, ídolo de Stedman, éste vive un momento de coincidencia – de sincronicidad en referencia al concepto junguiano – que cualquier otro hubiera entendido como milagroso. Un poco antes de visitar la iglesia, uno de sus compañeros le pregunta el significado de uno de sus tatuajes en la pierna, uno con una rama de trigo. Stedman responde que se trata del versículo bíblico donde Jesús habla del grano de trigo que tiene que morir para producir fruto, pero que ahora como ateo se arrepiente de haberse hecho ese tatuaje con referencias religiosas (para ese momento Stedman, aún estudiante en religión, ya no era creyente).

Al llegar a la iglesia, mientras escuchaban a la guía hablar sobre Monseñor y de su asesinato, la guía menciona que al momento de ser asesinado Monseñor Romero – quien había sido amenazado de muerte – estaba dando un sermón basado en uno de sus versículos favoritos, el mismo versículo que instigó el tatuaje en la pierna de Stedman.

Para cualquier otro tal coincidencia – sobre todo un cristiano fundamentalista que, confesemos, se vive viendo señales hasta en la sopa – hubiera sido interpretada como una intervención divina, pero en su relato, Stedman reconoce el aspecto “aural” de tal momento, es decir la energía que se desprendía de dicha coincidencia, pero no la interpretó como una señal del cielo, ni sintió la necesidad de justificarla o de demolerla.

Gracias a su encuentro con Eboo Patel, Stedman logra amalgamar su deseo siempre presente de servir al otro – deseo que frecuentemente se piensa que la única manera de vehicularlo es a través de la religión-  y su identidad como ateo; a través de tal encuentro Stedman pudo pasar de la redución a una serie de categorías – de descriptores – de lo que es ser creyente o ser ateo, a una auto definición única – porque enraizada en lo personal, en lo vivido- en tanto que parte del movimiento interfé, que paradojicamente unifica también al no creyente.

Yo como muchos otros – y como Chris Stedman – hemos luchado en relación con la fe que habíamos vivido siendo adolescentes y el golpe nefasto que representó reconocernos queers dentro de la fe cristiana. Cada uno ha vivido tal experiencia de manera diferente.

“Muchas veces cuando me encuentro con ateos y hablamos sobre el dios en el que ellos no creen, rápidamente descubrimos que no creo en ese dios, tampoco.”

Rob Bell
Love Wins: A Book About Heaven, Hell, and the Fate of Every Person Who Ever Lived

Esta frase de Rob Bell concuerda perfectamente con mi punto de vista. Sigo conservando en mí un núcleo de fe que no pude abolir, aunque quise. Sin embargo, comparto enormes rasgos con el mundo ateo, incluso más de lo que se podría esperar de un creyente, de un cristiano. La verdad el término agnóstico, me molesta, me parece que se usa en todo tipo de circunstancias y que ha perdido su real significado, pero siendo honesto comparto mucha más características – descriptores – con los no creyentes que con los cristianos.

No me parecería extraño que otros compartan mi punto de vista… Y el de Chris Stedman.

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LGBTQs are leaving religion, but atheists shouldn’t celebrate 

Atheism is not the “new gay marriage” (or the new anything else) 

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