"Es una abominación" – un versículo, diez lecturas

© Adi Ness. David y Jonathan, 2006. 56” x  56”
,את-זכר–לא תשכב, משכבי אשה: תועבה
הוא.
No te echarás con varón como con mujer: es abominación.
Levítico 18:22

Tenou’a pidió a diez líderes judíos, rabinos e intelectuales, dar su punto de vista sobre este versículo de Levítico. En un solo aspecto coinciden todos los que intervinieron en este número: todos condenan rotundamente toda forma de rechazo del homosexual basada por ser lo que son. 

Joel Hoffman, Lingüista, Nueva  York

Existen en Levítico 18:22 cinco grandes deformaciones entre la lectura moderna y el sentido antiguo del texto. En el corazón de este versículo, las relaciones sexuales entre hombres son llamados en hebreo toeva, comúnmente en francés (español en la traducción): “abominación”. Esta es la primera deformación. La palabra hebrea que significa toeva es “tabú” – un acto inapropiado según las normas sociales y no un mal absoluto. Aislado, por lo tanto, Levítico 18:22 habla de un tabú, no de una abominación.

El contexto, sin embargo, nos aleja de estos matices de toeva al acercarnos al modelo general de Levítico 18, capítulo en el que varios sinónimos describen comportamientos no deseados: toeva aquí, zimah (“crimen”) antes, Tevel (“perversión”) más adelante, etc. En este contexto, Levítico 18 es una lista de prácticas indeseables, sean cuales sean las complejidades del termino hebreo toeva. Pero por indeseables que sean, estos actos no están calificados como “pecados”. La segunda distorsión, por lo tanto, es afirmar que Levítico 18:22 habla del pecado.

La tercera deformación es extender el campo de Levítico 18:22 a la homosexualidad en general. No sé trata que de un específico acto homosexual masculino.

La cuarta deformación se produce en dirección opuesta; al creer que se trata de un lenguaje eufemístico (no dormir con un hombre “como quien se acuesta con una mujer”), algunos sugieren que el sexo entre dos hombres no planteaba ningún problema como no es exactamente idéntico a las relaciones sexuales entre un hombre y una mujer. Se trata de una malinterpretación de lo que es un eufemismo.

Por último, Levítico 18:22 es solo una línea (o dos si sumamos su doble Levítico 20:13). La quinta deformación es considerar estas dos líneas hostiles al sexo entre hombres como más importantes que, por ejemplo, el verso similar de Levítico 19:19 (que prohíbe el uso de una “prenda tejida de dos tipos diferentes de hilos”).

Liberados de estas cinco deformaciones, Levítico 18:22 condena los actos homosexuales masculinos, entre una larga lista de prohibiciones antiguas, muchas de las cuales son a menudo ignoradas en el mundo moderno, tanto en un contexto religioso contemporáneo que secular.

Le Dr. Joel M. Hoffman es especialista de la Bible à New York. Su última publicación: , The Bible’s Cutting Room Floor: The Holy Scriptures Missing From Your Bible fue publicada en septiembre 2014.

Gabriel Abensour, Animador del blog modernorthodox.fr

Por alguna razón que ignoró, la Torá califica como abominación el acto homosexual en sí mismo, pero no al que lo comete. A fortiori, la Torá no puede odiar una identidad. “No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano” (Deuteronomio 23: 8), nos pide la Torá. Entonces, ¿cómo podría yo abominar o aborrecer al judío homosexual, mi hermano de verdad que, a diferencia del edomita, nunca me causó ningún daño?

La Tora es consciente del status del Otro y aborrece la opresión social, por lo que no puede tolerar una política de discriminación. En Israel, la tasa de suicidios entre los homosexuales de círculos religiosos es veinte veces mayor que en el resto de los jóvenes. Es decir, la homofobia mata. Todos matamos un poco con nuestro silencio, por nuestra cobardía, nuestro rechazo a reconocer que si hay una abominación respecto la homosexualidad, es, sin duda, en el trato que nous, judíos heterosexuales, damos a nuestros hermanos y hermanas homosexuales.

Levinas nos enseñó que: “” No matarás ” es la primera palabra del rostro”. Sin embargo, “el asesinato, es cierto, es banal: se puede matar a otros; la exigencia ética no es una necesidad ontológica”.

No sé por qué la Torá prohíbe a dos hombres tener una relación homosexual. Sé que esa misma Torá categóricamente me prohíbe el asesinato. Me gustaría que los zelotes, tan rápido para recordar estas dos líneas de la Biblia, también sean capaces de recordar el conjunto de capítulos que condenan el odio y la opresión del Otro. Me gustaría que el mundo religioso se dé cuenta de que por su actitud, derrama sangre inocente todos los días.

“La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10).

David Isaac Haziza, Philosophe

En primer lugar, creo que se debería aclarar un malentendido. Incluso en una perspectiva ortodoxa, la prohibición de la homosexualidad como tal no existe en el judaísmo. Levítico prohíbe una cierta práctica sexual, que de hecho no llama sodomía, puesto que esta es una visión cristiana tardía, y ella es prohibida en el caso de ocurrir entre los hombres (de nuevo, por cierto, permanece activado incluso entre hombres y mujeres en una perspectiva ortodoxa o halakhist); no obstante levítico la prohíbe como prohíbe una serie de prácticas que nosotros llamaríamos heterosexuales. La Ley de Moisés no razona según las categorías sexuales que conocemos: no legisla las identidades sexuales que sin duda no existían bajo su forma actual en aquella época, sino gestos, que permite o prohíbe. No hay ni heterosexual ni homosexual en la antigüedad: ver la moral de Sócrates y Platón. Además, la Biblia no dice nada del lesbianismo y algunos activistas ortodoxos en los Estados Unidos o Israel, aprovechan de este silencio nunca lleno por la ley rabínica, para afirmar su homosexualidad (ya sea en el plano la identidad o el estilo de vida) sin dejar de ser fiel al marco de la halakha.

Agrego a estas consideraciones una cosa: las prohibiciones sexuales no son prohibiciones morales, sino rituales, houkim (reglas, normas) en lugar de mishpatim (condenación). Su moralización, creo que es una lectura cristiana, que sin embargo podría borrarse del judaísmo. Por ejemplo, el Nuevo Testamento hace de Sodoma el símbolo del libertinaje mientras que nuestra tradición ve en ella un ejemplo de egoísmo, de injusticia social y de xenofobia, pecados morales hechos y derechos. La ley bíblica ritualiza la sexualidad, que no es de hecho un carácter único al judaísmo, pero no la moraliza.

Dicho esto, lo cierto es que el mundo ha cambiado después de la época de nuestros profetas. Estas prácticas condenadas entonces entre muchos otros comportamientos, se reivindican ahora en el nombre de identidades que aún no existían. El hombre tiene derechos y ya no es el único responsable de mantener la Ley. El cuerpo él mismo, el cuerpo de la persona, tiene ahora derechos – y no simples permisos concedidos a aquellos que también saben cómo cumplir con los mandamientos.

Yo soy de los que creen en la naturaleza parcialmente histórica de nuestros textos, no lo niego. Esto no excluye, además, un sustrato divino. Y esto no significa que debamos abandonar toda nuestra civilización, esta inmortalidad que todo el mundo se ve obligado a reconocer radica sobre todo en la conservación de sus ritos y sus leyes a través de los siglos. Pero entonces, ¿qué hacer? Lo que es cierto es que estamos en una encrucijada, es que la existencia de muchas comunidades reformadas gay friendly no es suficiente: es todo el pueblo judío que está implicado refiere, todo el judaísmo. Existen los judíos gais, como en todos lados, y tienen derecho y juzgarlos o detenerlos sería atroz.

Una cosa, sin embargo, siempre permitirá a aquellos que los odian de odiarlos: la visión de la ley como totalmente increada, eterna, por encima de la historia. “Está escrito”, dicen, “es la realidad y no vamos a cambiar nada!”. Y, sin embargo, sí, debemos cambiar nuestra perspectiva, apropiarnos de los textos y los ritos, ver nuestra condición, no como esclavos de Dios, sino como un pueblo, heredero de la libertad de una civilización muy antigua. Creo que tenemos, incluso en nuestra tradición, las herramientas para resolver la dificultad que representa para el judaísmo la aparición de la sexualidad y de la identidad sexual: como dice el Talmud, la Torá no está en el cielo, ella se da en los hombres, como la tierra donde viven, de pie no postrados, como la libertad de contradire a su Creador. Tener esto en mente debe ayudar a los judíos a aceptar las diferencias dentro de ellos, amarlas y protegerlas.

Jean-Pierre Winter, Psycoanalista

Lo menos que podemos decir acerca de este versículo es que no ha suscitado mucha atención de nuestros comentaristas y nuestros maestros. Rashi, por ejemplo, pasa directamente del versículo 21, que condena el ritual de sacrificio idólatra al dios Moloch al versículo 23 que prohíbe las prácticas de bestialidad … de las mujeres. Esto traiciona una cierta evidencia o una cierta vergüenza. Sería mejor considerar que estos tres versos son solidarios. Entonces la idea parece ser que se trata de rechazar cualquier relación carnal entre hombre y lo radicalmente Otro: un dios-ídolo, un animal, pero también entre el Hombre y le semejante fusionado con el Otro. Esta pareja, hombre o mujer, debe ser el otro… sexo, de ahi la frase: “Con un hombre no dormirás como con mujer.” Qué es una traducción más literal que la del Rabinato que dice: “No cohabite, con un macho, una cohabitación sexual …”.

“Con un macho (Zakhar)…” y no con “un hombre”! Dónde se puede deducir que es el animal instintivo en el hombre que se ve afectado por esta prohibición.

Gilles Bernheim, Rabino

Dos puntos son importantes en la lectura de estos versículos:

1. La prohibición bíblica de la homosexualidad masculina no tiene ninguna excepción efectiva, a diferencia de por ejemplo:

– El adulterio, entre David y Betsabé, cuyo amor culpable es, sin embargo, generador de una historia, la de Salomón, constructor del Templo.

– El incesto de Lot y sus hijas, antepasado del Mesías a través de Rut la moabita.

Pero no hay rastro de amor homo-sexual en la Biblia a través el cual “entraria” en la historia. Ni la homosexualidad femenina, aunque sigue siendo prohibida.

2. Se trata en este versículo, de mantener la diferencia entre los sexos, y no de protegerse contra la homosexualidad. Pero la consideración de lo que necesitamos para mantenerla sugiere una madurez sexual real, si uno está dispuesto a aceptar estas palabras sin ninguna connotación moral. El duelo del pleno conocimiento de la identidad sexual del otro es necesario para que el amor pueda tener lugar. Duelo de tantos sueños y tantas ilusiones, que constituyen la vida sexual.

Yann Boissière, Rabbin du MJLF, Paris

Existen tres estrategias para lidiar con este texto. En primer lugar el grado cero de la interpretación – que al final termina siendo una: la lectura literal. En su versión cruda, ella no tiene mucho que añadir, ya que está segura de su “lectura. En su versión sofisticada, vemos como el literalismo se suelta un poco para declinar su “No possumus”: lo siento, compañero homosexual, sean cual sean mis simpatías a tu causa, no hay nada que hacer, está escrito en la Biblia.

Estrategia dos: La erudición. A través una dosis masiva de academismo, conjugado con el relativismo histórico a la Sitz im Leben (estudio del contexto de la vida), el objetivo se amplía, se reduce su ámbito de aplicación, se contextualiza, en pocas palabras, se “suaviza” el verso, al trabajarlo arduamente para demostrar que en realidad se refiere a la homosexualidad ritual, o a las relaciones no violentas entre iguales, o la humillación y la denigración, en otras palabras, se trata de otra cosa que la homosexualidad como la entendemos (la hermosa responsum de Joel Roth – CJLS 2006 – es el relevo del trabajo académico de los últimos treinta años sobre el tema).

Tesis brillantes a veces, tal vez incluso convincentes. Hasta cierto punto.

Pero esta estrategia de cirugía académica evita el fondo del problema, que requiere una toma de responsabilidad frente al texto. Deshacerse de esta responsabilidad por el ahogamiento del versículo bajo un diluvio de erudismo, aplicarle todo tipo de compresas interpretativas, pretender hacerle decir lo contrario de lo que dice, porque al fin y al cabo nosotros, los rabinos, somos los unicos que podemos enterdelo. En este caso, sin embargo, se está lleno de Wissenschaft (y el resultado sigue siendo, en el mejor de los casos, especulativo), rozando, creo, la mala Fe.

Quiero hablar ahora de la tercera estrategia, que es precisamente la de la responsabilidad frente a algunos versículos, de los cuales Levítico 18:22 ciertamente forma parte; prefiero reconocer que, efectivamente, condena la homosexualidad. Pero que expresa un estado de conocimiento y una mentalidad que no reconocemos más como nuestros. Seamos claros que no queremos reconocer como propios…

Como vemos, no se trata de la simple interpretación de un versículo, sino de un principio general de meta-interpretación, una actitud general de lectura y de responsabilidad frente al texto. Para decirlo de manera muy simple: este texto es nuestro, pero tenemos el derecho a no estar de acuerdo. Así que todos mis respetos a Levítico 18:22, pero bienvenido Deuteronomio 30:12: “[La Torá] no está en el cielo, para que digas:” ¿Quién subirá por nosotros al cielo y para ir a buscarla y nos la hará escuchar para que al fin la cumplamos? “.

Jonas Jacquelin, Rabino de la ULIF Paris

¿Se trata de la homosexualidad en este versículo? Si entendemos por homosexualidad la relación amorosa entre dos personas del mismo sexo, está claro que este versículo aborda el fenómeno de una forma muy limitada: no se trata que de la homosexualidad masculina y la describe solamente a través de su realización sexual, dejando de lado las otras dimensiones de dicho vínculo.

Otro aspecto llama la atención, está escrito: “No te echarás con varón como con mujer.” Esta unión no es percibida directamente por lo que es sino a través de una comparación con la relación heterosexual. Parece que hubiera una dificultad a pensar y comprender la relación homosexual en su singularidad, dado el uso de esta comparación.

Fue sobre este verso que se basó la decisión rabínica para prohibir la homosexualidad. Partiendo de la premisa de que la relación homosexual abarca más que las relaciones sexuales entre dos hombres, sino también toda una gama de razones y motivos sobre los cuales se construyen las parejas en general, es imposible no poner en duda la conveniencia de utilizar esta fuente sola de las Escrituras para condenar tal orientación sexual.

Un enfoque integral de la homosexualidad probablemente requiere al principio interesarse en todas las dimensiones sobre las cuales se basa y desarrolla una pareja gay y partiendo de esto buscar la manera en que la Torá nos ilumine y dar el pensamiento.

Haim Nisenbaum, Rabino del Beth Loubavitch, Paris.

La proximidad de la festividad de Shavuot – la entrega de la Torá – fecha en la que escribo estas líneas, invita a la reflexión sobre la prohibición bíblica de las relaciones homosexuales dentro de este contexto espiritual particular.

En primer lugar, hay que señalar que, para la tradición judía, esta prohibición no es de orden humano, vinculado a la moral de la época, sino de orden divino. De hecho, la creación, tanto en su conjunto como en cada detalle, es la implementación de un plan diseñado por Dios en el que el hombre desempeña el papel clave. Esto significa que tal acto está prohibido porque desafía dicha armonía al introducir un desequilibrio tangible.

En este contexto, la relación sexual hombre/mujer no corresponde solamente a una naturaleza determinada, sino en una correspondencia con los eventos espirituales descritos en detalle por los textos cabalísticos. Los hombres en general y, en particular judíos, tienen una misión de origen divino que deben asumir, aquello que la trastorna no puede ser que prohibido. La homosexualidad es considerada entonces con falta.

¿Significa esto que el homosexual está condenado al ostracismo de la parte de la comunidad? En ningún caso, ya que el hecho de no llenar una obligación espiritual no elimina el judaísmo, que es en sí una esencia. En otras palabras, la orientación sexual no puede ser un marcador de identidad. Y es a la luz de la relación con Dios y con la importancia de la norma fundacional que la cuestión debe ser pensando.

Yeshaya Dalsace, Rabino de la comunidad massorti Dor Vador, Paris

Este verso sigue siendo oscuro según mi punto de vista y no puede ser removido de su contexto histórico, por una parte, y de las lecturas en distintos momentos, incluido el nuestro, por otra. En su contexto, no habla a mi opinión de la homosexualidad en el sentido moderno del término, sino de una práctica sexual, tal vez ritual, condenada. Avanzar, como muchos lo hacen hoy en día, la vasta cuestión homosexual a partir de este solo versículo me parece aleatorio y simplista. Por otra parte, el judaísmo no se fía de enfoques demasiados literales de los textos y no veo ninguna razón por la cual debamos encerrarnos dentro de la literalidad de la misma. Por otra parte, el judaísmo implica la lectura reflexiva y crítica de textos diversos, incluyendo los textos desagradables o incluso chocante, y no hay razón por la cual este versículo se escape de esta disciplina. Sin embargo, la condena del “libertinaje masculino”, así como la de la confusión voluntaria de lo masculino y lo femenino permanece y uno puede aprender algo sin caer en la fácil condena de la homosexualidad que es de hecho compleja. En otras palabras, la práctica homosexual plantea de cualquier manera un problema para la tradición judía, problema más profundo que este versículo y que debemos tomar en cuenta también. Pero en cualquier caso, lo que sufren los homosexuales dentro de muchos círculos religiosos es una vergüenza y una transgresión clara de los mandamientos fundamentales. La lucha contra este tipo de discriminación y ayudar a reducir el sufrimiento es una mitzvá. Este versículo, en cualquier caso, nos estimula y crea controversia, lo que para mí no representa ningún problema.

Hervé Elie Bokobza, Talmudista

No es fácil hacer comentarios sobre un versículo en particular, sobre todo cuando la sentencia lapidaria no deja lugar para el compromiso. Así que no voy a tratar de ocultar su coherencia, pero sólo voy a cuestionar su principio.

La Torá no ve la homosexualidad como una norma específica, sino como una perversión de la heterosexualidad. Es toda la cuestión de la relación con la sexualidad que existe aquí.

También sabemos que la Torá distingue elmandato de la procreación, del deber conyugal. Esto es lo que la Torá llama Ona (Éxodo 21:10).

Sabemos del debate sobre si el fin del mundo va a cambiar la naturaleza del mundo. Según Maimónides, el principio de “el mundo sigue su curso” es válida incluso después del tiempo mesiánico. En su epístola a la resurrección de los muertos, Maimónides se basa en un pasaje del Talmud que dice que al final de los tiempos cesarán todas las actividades corporales, tales como comer, beber, y las relaciones sexuales (Berajot 17). ¿Cómo entonces pretender que Dios deje subsistir órganos inútiles?

Este pasaje del Talmud que nivela la sexualidad con el comer y el beber demuestra que este último es tan necesario para el hombre como alimento. ¿Cómo entonces privar a un individuo que no tiene ninguna atracción por una persona del sexo opuesto, una necesidad básica en la vida?

Dejaremos la pregunta en suspenso con el fin de hacernos pensar sobre el interés obvio de revisar algunas disposiciones de la Torá a la luz de los nuevos temas a los que nos enfrentamos con el paso del tiempo.

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