Diez Años de Matrimonio Gay y la Institución no se autodestruyó Por Laurent McCutcheon (Québec)

Traducción de un artículo de periódico en el que, en el aniversario de los diez años de la ratificación de la ley sobre el matrimonio civil en Canadá en la que se abría la definición de matrimonio para incluir las parejas del mismo sexo, Laurent McCutcheon traza una breve esbozo de la lucha de la comunidad LGBT al respecto.

Diez Años de Matrimonio Gay y la Institución no se autodestruyó 

En Canadá, la ley sobre el matrimonio civil, ratificada en julio 2005, hizo de Canadá el cuarto país en el mundo después Holanda, Bélgica y España que modificara las condiciones de admisibilidad al matrimonio, hasta ese momento reservado para un hombre y una mujer. Al contrario de lo que algunos se imaginaban nada señala que tal institución haya sido debilitada al abrirse a los cónjugues del mismo sexo. Después de haber vivido durante los años en los que los homosexuales eran considerados como criminales o como enfermos mentales, me costaba creer que un día tendría el derecho a casarme con mi pareja.

Un largo debate de social fue llevado a cabo sobre la cuestión en el que la confusión entre el matrimonio civil y el religioso era alimentado principalmente por la Iglesia católica

El hecho de haber desviado el debate hacia las relaciones amorosas para así alejarlo de los estereotipos que asociaban la homosexualidad al reducido ámbito de la sexualidad fue una garantía de éxito.

Tal extenso y largo combate no hubiera sido posible sin la militancia política et judicial de nuestras comunidades fundada sobre la aplicación de la Carta Canadiense de Derechos y Libertades, ley a carácter constitucional. Jean Chrétien, ministro de la justicia en 1982, al momento de la adopción de la Carta, me dijo un día que “ a esa época la sociedad no estaba aún lista a incluir en ella la orientación sexual como motivo prohibido de discriminación “. Dejando el campo libre a una interpretación futura en los tribunales.

La influencia de los tribunales

El reconocimiento rápido de los derechos de las parejas del mismo sexo se explica gracias a la contestación en los tribunales. Progresivamente, la Corte suprema de Canadá amplió la capacidad de la Carta. En 1996, en el caso Egan Contra Canadá, La Corte juzgaba que negar el suplemento de pensión de seguridad de vejez a un conjugue del mismos sexo contravenía la Carta. Ese principio fue reforzado en 1999 en el caso M contra H, en él cual la Corte Suprema ordenaría a la provincia de Ontario de legislar de manera a que su ley sobre el derecho familiar sea abierto a una pareja de lesbianas en la que una reclamaba el derecho a una pensión alimentaria.

Por su parte en 1999, Quebec adoptaría la ley modificando diversas disposiciones que concernían las uniones libres. El año siguiente, el Parlamento federal haría lo mismo y adoptaría la ley cuyo objetivo era la modernización del régimen de ventajas y obligaciones de las leyes canadienses. Haciendo esto, tanto en Quebec como en todo Canadá las uniones libres de parejas del mismo sexo fueron reconocidas en materia de acceso a los regímenes públicos hasta ese momento reservados a las parejas heterosexuales. Esta primera etapa de reconocimiento jurídico permitió a los gobiernos quebequense y canadiense la absorción de las incidencias financieras asociadas al reconocimiento de las parejas del mismo sexo y así sustraer esta constringente problemática del debate sobre el matrimonio.

En 2002, la Asamblea Nacional de Quebec aprobó por unanimidad la Ley de la institución de las uniones civiles que establecía nuevas reglas de filiación dando acceso a las parejas del mismo sexo a una institución equivalente a la del matrimonio reconociendo así su derecho a la paternidad.

El comportamiento de la iglesia católica

Si diez años después nadie pone en duda el derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo, tal no era el caso durante la adopción de la ley. El oponente de primera fila fue la Confederación de Obispos católicos de Canadá, el 18 de junio 2003, su presidente Monseñor Berthelet escribía al primer ministro Jean Chrétien : “Ninguna demonstración ha sido hecha que indique que el no tener acceso al matrimonio constituya una discriminación contra las parejas del mismos sexo, es más bien lo contrario que es verdad”.  Tengo aún en memoria una conferencia de prensa dada por esta organización en el Arzobispado de Montreal. Sentado frente a Monseñor Berthelet y el Monseñor Turcotte – de mirada amenazante-, no podía creer lo que estaba escuchando : “Modificar la definición del matrimonio, como el gobierno federal planea hacer, es una peligrosa opción que podría acarear consecuencias nefastas – decía Monseñor Jean-Claude Turcotte, Arzobispo de Montreal – si el matrimonio se convierte en la unión de dos persons que se aman, ¿Vamos entonces a permitir el matrimonio entre un hermano y una hermana? ¿Entre un padre y un hijo? (Le Devoir 11 septiembre 2003 [periódico Montrealés])

Tendencia a las uniones civiles

El gobierno del Primer Ministro Jean Chretien y de su Ministro de Justicia Martin Cauchon se mantuvieron, a pesar de todo, dentro de la línea trazada por los tribunales haciendo adoptar la ley sobre el matrónimo civil ratificada durante el gobierno del primer ministro Paul Martin en 2005. La mayoría en el Parlamento (diputados) votó por la adopción con 158 a favor y 133 en contra.

Conservo en mi memoria una reunión emotiva que organizé a la demande del Ministro Cauchon que deseaba conversar con gais y lesbianas preocupados por el asunto.

A pesar de los presagios catastróficos, diez años después la sociedad no se ha descarrilado. Al contrario, creo que salió ganando en todos los ámbitos al permitir a todos de amarse abiertamente, y a los y a las que lo desean, casarse por lo civil; Según el último censo llevado a cabo en 2011, 21 015 parejas del mismo sexo se declararon en matrimonio contra 43 560 que viven en unión libre. La reticencia a declarar la orientación sexual y la poca restrospeción me hacen creer que se trata de una subvaluación, sin embargo es interesante retener que la tendencia se inclina hacia las uniones libres.

En pocos años, una veintena de países han legalizado el matrimonio entre conjugues del mimo sexo, y muchos son en vías de hacerlo y una reciente decisión de la Corte suprema estadounidense la extendió a todos los estados. El movimiento es irreversible.

Desgraciadamente, numerosos países se encuentran lejos de este resultado y criminalizan todavía las relaciones homosexuales

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