Las raíces supremacistas blancas del evangelismo

Traducción de un artículo que apareció en el sitio web Patheos: alojando conversaciones sobre la fe. Un sitio web que reúne diversas páginas sobre diversos tópicos en religión y humanismo.

El artículo aparece en la página web de Adam Lee : Daylight Time atheism : nighttime is for dreaming, daytime is for action (Ateismo en el día : la noche es para soñar, el día es para la acción), con el título :  The White Supremacist Roots of Evangelicalism y fue escrito antes de la victoria de Donald Trump, pero pienso que vale la pena leerlo para comprender por qué Él ganó y por qué fue grandemente apoyado por los evangélicos.

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Me encontré con un acongojado ensayo de Amy Gannett, una escritora evangélica milenaria, con el título de “Cómo los evangélicos están perdiendo una generación entera“. Con un inicio como ese, a fuerzas tenía que leerlo, y no me decepcionó. En el ensayo, ella explica cómo la nominación de Donald Trump está resultando en la”pérdida de su fe en los Evangélicos”:

Esta mañana, no tenía más que abrir la aplicación en mi teléfono y allí estaba : el respaldo de Wayne Gruedem a Donald Trump.

Tal vez usted no esté familiarizado con Grudem, la mayoría de los líderes de la iglesia y muchos cristianos no lo son. Él escribió la teología sistémica básica que no sólo se ha promocionado entre los evangélicos como la fuente primaria de la teología sistemática cristiana para la modernidad, sino que es el libro de 1200 páginas que se me obligó a leer en la escuela bíblica y en el seminario – no una vez, No dos veces, sino tres veces. Grudem es la cabeza del Consejo para la masculinidad y la femineidad bíblicas, una reunión de líderes cristianos que creen en un modelo particular de los roles de género al que se le llama Complementarismo conservador, este consejo trabaja para ver esa visión cobrar vida en hogares, iglesias y en la sociedad. Un líder entre los líderes, él es la carta de triunfo (TRUMP en inglés en el original) evangélica (juego de palabras).

Wayne Grudem, al igual que los otros pesos pesados evangélicos en la esquina de Trump, dice que los cristianos tienen un “imperativo moral” de votar por el presunto multimillonario. Al igual que la mayoría de los evangélicos de la vieja escuela, él ve el cristianismo como idéntico al conservadurismo doctrinario – él enlista la reducción de los impuestos y revertir el Obamacare como prioridades cristianas de igual importancia que prohibir el aborto y el matrimonio homosexual – y está dispuesto a apostar a que Trump le podría dar al menos algo de lo que quiere, mientras que está seguro de que Hillary Clinton no le daría nada.

Gannett, mientras tanto, se describe a sí misma como políticamente “en algún lugar intermedio”. Dice que es pro-vida y educada por padres republicanos, pero también apoya los derechos humanos de los negros, las mujeres, los inmigrantes y otros grupos marginados y siente desconfianza de la retórica nacionalista cristiana que percobe à los  Estados Unidos como el reino de Dios en el mundo. Al igual que otros milenios ella vé la subida meteórica de Trump con incredulidad:

Pensamos que Trump era un poco una broma inofensiva al principio. Con el “estás despedido” todavía sonando en nuestros oídos, pensamos que su presencia en la pantalla sería mucho más corta que su programa, The Apprentice. Seguí esperando que se fuera, pero no lo hizo. De hecho, de alguna manera, misteriosamente para mí, ganó impulso y respaldos. A pesar de sus generalizaciones raciales y decirles a las mujeres que se ven bien de rodillas, sólo creció en popularidad. Pasé de decepcionada a preocupada y a desconsolada, ya que obtuvo la aprobación de los líderes republicanos y evangélicos.

Ella advierte que los estadounidenses más jóvenes rechazan abrumadoramente la ideología tóxica de Trump y todo lo que ella representa. Suplica a sus compañeros evangélicos que “reevalúen las apuestas que han puesto en la mesa” porque si insisten en seguir este camino, se diezmarán en la próxima generación y perderán lo que quede de su posición moral.

Hasta aquí todo bien. No estoy en desacuerdo con nada de eso. Pero quiero llamar la atención sobre la línea más reveladora del ensayo de Gannett. Aquí está:

De hecho, de alguna manera, misteriosamente para mí, ganó impulso y respaldos.

“De alguna manera, misteriosamente para mí.”

Gannett repugna y muestra su consternación por el abrazo de Trump a sus compañeros evangélicos a pesar de su racismo indiscutible, su misoginia casual, su xenofobia rugiente, su arrogancia ignorante y todos sus otros defectos que lo descalifican. Así es como cualquier votante con principios debería sentirse, así que le doy crédito por eso. Pero lo que quiero enfocar es que ella cree que la victoria de Trump es misteriosa. Ella ve su aparición como inexplicable, salida de la nada – como si fuera un planeta naranja travieso, entrando y moviéndose en el sistema solar y arrojando a todos los otros cuerpos celestes de sus órbitas.

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Por muy bienintencionada que sea, esto demuestra que Gannett, al igual que muchos evangélicos, está negando la historia de su propia fe. El ascenso de Trump a la prominencia no es misterioso en absoluto. Tiene sentido como la culminación del programa político que los evangélicos han estado promoviendo durante décadas.

 

La resistencia a la igualdad racial y otras formas de igualdad civil fue la razón por la que la derecha cristiana tal como la conocemos hoy nació. No es una aberración reciente, sino un principio fundador del movimiento.
Como el historiador Randall Balmer escribe, los evangélicos blancos eran en gran medida apolíticos hasta que la Corte Suprema confirmó una decisión del IRS (IMPUESTOS)  de negar exenciones de impuestos a las escuelas privadas segregadas. La indignación por ese fallo fue la chispa que alumbró potencias religiosas como Jerry Falwell para lanzar un movimiento político masivo. Sólo después de que el racismo público se convirtiera en inaceptable que el aborto fue elegido – básicamente, escogido de un sombrero – como la nueva causa para los conservadores religiosos en el cual enfocar su ira (usted puede haber visto el segmento ferozmente divertido de Samantha Bee sobre esto).

El evangelismo siempre ha sido la herramienta de elección para apoyar las jerarquías raciales. Por ejemplo, la revista cristianismo ahora (Christianity Today) fue fundada por un segregacionista y promocionaba la segregación. Es plausible que el énfasis “sobrenatural” en el cielo y la salvación sean inventados como un medio para justificar la esclavitud y otros males terrenales.

Donald Trump encaja perfectamente en este patrón. Su abrazo de la supremacía blanca es sólo una declaración más explícita de lo que su audiencia evangélica blanca ha creído todo el tiempo. Su lema de campaña, “Hacer que América sea grande de nuevo”, en sus oídos, es una evocación deliberada de los días en que ellos estaban a cargo y en la que esas mujeres y esas minorías valientes conocían su lugar. A pesar de no ser religioso, él se ha convertido en su portador estándar porque él habla a su sentido del derecho y aq traves de su miedo de perder el mundo que pensaron les pertenecía.

Lo irónico es lo cerca que Gannett esta de comprender esto. Aquí está el párrafo clave:

Los evangélicos están apoyando a Trump en general porque promete restituir a nuestra nación los “buenos viejos tiempos”.

… Había muchos “beneficios” de esa época lejana para los que apoyaban una visión tradicionalista. Las mujeres estaban en el hogar criando a los niños sin quejarse, el movimiento feminista cristiano todavía no había tocado a las iglesias y pastores inmensamente incómodos que no habían tenido que lidiar con estos temas en mucho tiempo, y la noción de ser políticamente correcto no era Como exigir a conferenciantes, escritores y predicadores como lo es hoy. Cuando algunos evangélicos miran hacia atrás, ven días más tranquilos simplemente porque estas cosas estaban ausentes.

Una vez más, ella pasa de puntillas frente a la respuesta, pero luego evita su mirada en el momento crucial. Los evangélicos se inclinan por el pasado, no porque el mundo fuese “más tranquilo” antes de los movimientos de reforma social, sino porque era un mundo de jerarquías rígidas y eso es exactamente lo que querían. Y Sigue siendo lo que quieren.

Por todas estas razones, es poco probable que Donald Trump y el Trumpismo desaparezcan aunque pierdan las elecciones. El evangelicalismo multicultural diverso, de amplia mente, con el que los creyentes como Amy Gannett sueñan, no existe. La fe por la que tienen aspiraciones tan elevadas es y siempre ha sido un vehículo para la supremacía blanca y el tribalismo. No estoy diciendo que el cristianismo evangélico nunca podría superar su pasado a rígido y convertirse en tolerante, lo que estoy diciendo es que no va a suceder hasta que más evangélicos estén dispuestos a hacer frente a su propia historia oscura y desagradable.

 

Header image: Una protesta de 1959 contra la segregación escolar en Little Rock, Arkansas. En una de las señales se puede leer:  “Pare la mezcla de razas y su marcha por el Anticristo”. De dominio público, a través de Wikimedia Commons. Imagen de Titan: NASA / JPL-Caltech.

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